Concorde Hotels & Resorts

DESTINO: SUR DE FRANCIA


Bienvenido al “Destino: Sur de Francia”. Haga clic en los varios iconos en el mapa para ver más información sobre nuestros hoteles y las muchas atracciones de esta gran región.


La intensidad de la luz, los paisajes a caballo entre el mar y la montaña, los pueblos colgantes “anidados” sobre riscos... hacen del sur de Francia una región plena de encanto. Desde Marsella, la “puerta de Oriente”, a Niza, pasando por Cannes, el Mediterráneo despliega todos sus atractivos, la belleza de su rico patrimonio cultural y de una naturaleza colorista con infinidad de aromas.

Marsella, situada en pleno corazón de la Provenza, región de escritores y perfumes, fue fundada por los griegos hacia el año 600 a.C. La ciudad focense, tal y como se la conoce también, es un compendio de todas las civilizaciones mediterráneas y su original idiosincrasia hace que en ella nos sintamos tanto en una ciudad francesa como en una ciudad completamente exótica.

Al pasear por la Vieja Marsella se descubre la belleza oculta de esta ciudad de mil caras, popular, refinada y dispar a la vez, así como los innumerables tesoros que alberga. Al deambular por las callejuelas estrechas del Panier, barrio popular de casas apiñadas de gran altura, se siente la frenética actividad del barrio más antiguo de la ciudad. En el Puerto Viejo, las embarcaciones de recreo hace tiempo que han reemplazado a los tradicionales barcos pesqueros. La influencia del arte italiano se hace evidente en la capilla barroca de la Vieille Charité, de proporciones notables. Desde 1853, la cumbre del peñón rocoso de Notre Dame de la Garde está coronada por la basílica homónima, cuya silueta está irremediablemente unida a la imagen de la ciudad. La ciudad se extendió por la Canebière, célebre avenida flanqueada por espléndidas fachadas de los siglos XVIII y XIX que ha recobrado todo su esplendor y su función original de paseo. Marsella se reinventa a sí misma cada día desde hace dos mil años. Se ha convertido en una ciudad moderna, tal y como atestiguan los barrios del sur y la avenue du Prado. El Villa Massalia Concorde Marseille se encuentra en pleno corazón del barrio chic, rodeado del Parc Borély y a escasa distancia de las magníficas playas arenosas.

No se puede hablar de Marsella sin mencionar su litoral: las islas de Frioul y el castillo de If, frente al puerto viejo, las Calanques... auténticos paraísos terrenales.

Si abandonamos Provenza por el este, a través de la cordillera de Maures y las carreteras boscosas del Esterel, llegamos hasta la mítica Côte d’Azur, sinónimo de lujo y cultura mediterránea. La Costa Azul, caracterizada por una arquitectura heredera del turismo de la Belle Epoque y una lujosa costa, goza de un microclima cuyos inviernos suaves le han valido la afluencia de extranjeros adinerados desde mediados del siglo XVIII.

Niza, la luminosa “bella del sur”, fue italiana hasta 1860. La ciudad puede resultar en ocasiones exultante, si pensamos en su Carnaval, o sencillamente dulce y reposada, tal y como su clima hace presagiar. El frente marítimo está recorrido por el mítico Promenade des Anglais (Paseo de los Ingleses), auténtica “pasarela” al aire libre en otros tiempos, donde se daba cita una alta sociedad aficionada a las fiestas y actos sociales. Hoy en día, esta espléndida avenida que flanquea la playa es muestra de una suntuosa arquitectura de lujosos edificios como el Hôtel Palais de la Méditerranée, cuya magnífica fachada Art Déco ha sido completamente restaurada. El carácter mediterráneo de la ciudad se siente en las callejuelas del Viejo Niza, donde la actividad comienza desde muy temprano en torno al mercado del Cours Saleya, flanqueado por numerosos cafés, restaurantes y tiendas que constituyen el casco histórico de la ciudad. Numerosos artistas se han sentido atraídos por el dinamismo y la modernidad de esta ciudad, Henri Matisse entre ellos. El pintor legó la rica colección que se expone en el museo que lleva su nombre. El Musée Matisse se encuentra en la colina de Cimiez, auténtico mirador que domina la ciudad y donde las villas y palacetes Belle Epoque quedan engarzados en una exuberante vegetación como piedras preciosas que se descubren a nuestro paso.

Al oeste, la carretera flanquea las turquesas aguas del Mediterráneo hasta la ciudad de Cannes, la otra perla de la Costa Azul. Enmarcada entre las islas de Lérins, la cordillera del Esterel y los Prealpes, la bahía de Cannes aún alberga el pequeño puerto pesquero adonde arribó en 1834 lord Brougham, ciudadano británico al que la ciudad debe su fama. En el boulevard de la Croisette, el Hôtel Martinez, inaugurado en 1929, se impone por su tamaño y la belleza arquitectural de la fachada. Al igual que este palacete, el Festival international du film atrae cada año en mayo a las más grandes personalidades del mundo del cine. Durante todo el año, resulta más que agradable pasearse por el mercado Forville, donde se descubren todos los sabores y aromas de los productos de la región. Al vagar por la parte vieja, que se extiende por encima del puerto, descubrimos el carácter provenzal de Cannes en sus callejuelas, pequeñas plazas y restaurantes.

Los pueblos colgantes del interior deben su fama a los numerosos artistas que albergaron y hoy en día constituyen un lugar de veraneo muy solicitado.